Del campamento de la Reconquista al gran proyecto de rehabilitación
La presencia dominica en Málaga hunde sus raíces en las postrimerías de la Edad Media, en el contexto geopolítico de la Guerra de Granada. La fundación se materializó en 1494, apenas siete años después de que las tropas de los Reyes Católicos lograran la capitulación de la ciudad el 18 de agosto de 1487.
El complejo fue cimentado al margen occidental del río Guadalmedina, sobre una preexistente ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de las Huertas. Allí habían establecido su campamento de asedio las élites militares castellanas: don Alonso de Cárdenas, don Luis Fernández Portocarrero y don Juan de Stunniga.
El Repartidor Bachiller Serrano asignó siete huertas circundantes a la ermita para el sustento de los frailes. El 2 de agosto de 1504, Fernando V firmó la Real Cédula que dotaba a perpetuidad la iglesia al Monasterio de Santo Domingo.
El devenir de la comunidad dominica durante los siglos XVI y XVII estuvo marcado por una constante dialéctica entre el florecimiento espiritual y las adversidades terrenales. La consolidación de un patrimonio agrario y urbano tan extenso generó inevitables fricciones con las autoridades civiles: el pleito de 1567 por el monopolio de las fuentes de aprovisionamiento de agua aún se conserva en el Archivo Municipal de Málaga.
El prestigio moral de la orden alcanzó su cénit durante las devastadoras epidemias de peste. En los brotes de 1637 y 1649, los frailes se erigieron como baluarte de asistencia sanitaria y consuelo espiritual. Catorce frailes dominicos murieron contagiados durante la epidemia de 1649. El heroísmo pastoral de fray Luis de Molina fue inmortalizado en la obra poética Castigos y Piedades (Málaga, 1650).
En 1654, prósperos residentes de origen flamenco y alemán sufragaron la fundación de una suntuosa capilla con derecho exclusivo de enterramiento y una casa hospitalaria para sus compatriotas.
El 27 de abril de 1697, la casa malagueña fue designada sede para el Capítulo Provincial de la Orden Dominica, reuniendo a las más altas jerarquías del sur peninsular.
El régimen torrencial del Guadalmedina protagonizó avenidas catastróficas en 1628 y 1661. Pero ninguna tragedía climática igualaría a la apocalíptica «riada de 1907». El caudal desbordado penetró violentamente en las tres naves hasta casi dos metros de altura, destruyendo altares centenarios, arrancando imágenes de sus pedestales y depositando más de media vara de fango que exigió años de recuperación.
Durante la Invasión Francesa (1808–1813), los dominicos usaron sus privilegios de predicación para arengar patrióticamente a las masas percheleras contra los ejércitos napoleónicos en 1812. La represalia fue inmediata: persecución de los religiosos y expolio sistemático del convento. Las tropas saquearon alhajas, custodias de plata y valiosos lienzos barrocos que los frailes no lograron salvar.
Con el liberalismo político y las políticas desamortizadoras, el tejido monástico español comenzó a desintegrarse. Una Real Orden del 8 de agosto de 1841 erigió formalmente la iglesia de Santo Domingo en Parroquia autónoma, segregándole feligresía de la vecina iglesia de San Juan.
En la fatídica madrugada del 12 de mayo de 1931, en el contexto de los estallidos anticlericales que asolaron varias ciudades españolas tras la proclamación de la Segunda República, multitudes enardecidas asaltaron e incendiaron la Parroquia de Santo Domingo.
Las llamas devoraron retablos centenarios, la imaginería de primer orden —incluyendo el magistral Cristo Crucificado de Pedro de Mena— y el Archivo Diocesano cuidadosamente reorganizado por José Ferrari Ojeda, que documentaba siglos de vida social y eclesiástica de la provincia. Una pérdida cultural irreparable para Andalucía.
Las tropas de los Reyes Católicos toman Málaga. Las élites militares castellanas acampan al otro lado del Guadalmedina, donde se erigirá el convento dominico.
Real Cédula previa (Barcelona, 30 enero 1493). Fundación del convento en 1494. Dotación de siete huertas. Real Cédula definitiva de Fernando V (2 agosto 1504).
El convento inicia un sonado pleito para mantener el monopolio de sus fuentes de aprovisionamiento. Las actas se conservan en el Archivo Municipal de Málaga.
Catorce frailes dominicos mueren asistiendo a los apestados en 1649. El heroísmo de fray Luis de Molina es inmortalizado en Castigos y Piedades (1650).
Los prósperos comerciantes centroeuropeos afincados en Málaga sufragan una suntuosa capilla con derecho exclusivo de enterramiento y una casa hospitalaria.
La riada de 1907 llena las tres naves hasta casi dos metros. El fango destruye retablos centenarios y arrastra imágenes y ornamentos sagrados hacia el mar.
Los dominicos predican contra los napoleónicos desde el púlpito. El ejército invasor responde con persecución y el saqueo de alhajas, plata y lienzos barrocos.
Real Orden del 8 de agosto de 1841 convierte la iglesia en Parroquia autónoma. La exclaustración cede los conventos a la Diputación (Casa de Misericordia).
Multitudes asaltan e incendian la parroquia. Se destruyen retablos, la imaginería de Pedro de Mena y el Archivo Diocesano. Una pérdida patrimonial sin precedentes.
Benlliure, Palma Burgos, Álvarez Duarte y Suso de Marcos dotan al templo de un nuevo y excepcional corpus imaginero. La parroquia renace como laboratorio de arte.
Declaración BIC el 24 de marzo de 1998, otorgando al edificio la máxima figura de protección jurídica del ordenamiento español en materia de patrimonio histórico.
El Obispo Satué y la Fundación Unicaja firman el acuerdo histórico de mecenazgo. Rehabilitación integral garantizada para las generaciones venideras.